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Una pequeña sección del mapa generado por el estudio de cinco años de DESI muestra galaxias y cuásares situados por encima y por debajo del plano de la Vía Láctea. La estructura a gran escala del Universo se aprecia en el recuadro ampliado. La Tierra se encuentra en el centro de los “abanicos”, y la brecha de color negro marca el lugar donde nuestra galaxia oculta los objetos lejanos. La luz de las galaxias más lejanas que se muestran tiene 11.000 millones de años cuando llega a la Tierra.
Concepto artístico de una vela solar en órbita terrestre. Este tipo de estructura, impulsada por la luz del Sol, ilustra cómo tecnologías de propulsión sin combustible, como las que exploran los investigadores con aerogeles de grafeno y láseres, podrían algún día mover satélites y naves más allá de la Tierra. Credit: NASA/Aero Animation/Ben Schweighart
Mientras el equipo se prepara para un segundo vuelo, el avión supersónico X-59 de la NASA fue sometido a pruebas de funcionamiento de motores en el Centro de Investigación de Vuelo Armstrong de la NASA en Edwards, California.

Los “AVATAR” de Artemis II: Gemelos Digitales Para Estudiar el Cuerpo Humano en el Espacio Profundo

Un chip de órganos para llevar a cabo experimentos de médula ósea en el espacio.
Un chip de órganos para llevar a cabo experimentos de médula ósea en el espacio. Credit: NASA/Emulate

En la misión Artemis II, la NASA incorporará una innovadora línea de investigación centrada en la llamada Respuesta análoga virtual de tejido de un astronauta (AVATAR), una tecnología que permitirá estudiar con gran precisión cómo reacciona el cuerpo humano en el espacio profundo sin depender únicamente de mediciones directas en los astronautas.

El proyecto AVATAR consiste en la creación de “gemelos digitales” de los tripulantes: modelos virtuales que replican sus tejidos y sistemas biológicos. Estos modelos se alimentan con datos reales recogidos antes, durante y después de la misión, como parámetros fisiológicos, niveles de radiación o cambios en el organismo. A partir de esa información, los científicos pueden simular cómo distintas partes del cuerpo responden a las condiciones extremas del espacio.

Uno de los principales objetivos de esta tecnología es anticipar los efectos de la radiación espacial, uno de los mayores riesgos fuera de la protección de la Tierra. Gracias a los AVATAR, los investigadores podrán observar el impacto potencial en órganos y tejidos sin necesidad de intervenciones invasivas, lo que mejora tanto la seguridad como la calidad de los datos obtenidos.

Además, estos modelos virtuales permiten probar distintos escenarios —como exposiciones prolongadas o variaciones en el entorno— y evaluar posibles contramedidas. Esto resulta clave para planificar futuras misiones de larga duración, especialmente aquellas con destino a Marte, donde los astronautas estarán expuestos durante meses a condiciones extremas.

Con el desarrollo de AVATAR, la NASA da un paso importante hacia una medicina espacial más predictiva y personalizada. Los astronautas de Artemis II no solo viajarán al espacio profundo: también ayudarán a construir versiones digitales de sí mismos que permitirán entender, con un nivel de detalle sin precedentes, los límites del cuerpo humano más allá de la Tierra.

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