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La nave espacial Orión fue capturada en un impresionante momento de alineación celestial: una Luna creciente en primer plano y una Tierra también en fase creciente, más pequeña, a lo lejos, a punto de ocultarse tras el horizonte lunar.
En esta vista de la Luna completamente iluminada, el lado cercano (el hemisferio que vemos desde la Tierra) aparece a la derecha. Se reconoce por las manchas oscuras que cubren su superficie, que son antiguos flujos de lava de una época temprana en la historia lunar, cuando el satélite tenía actividad volcánica. El gran cráter situado al oeste de estas llanuras de lava es la cuenca Orientale, un enorme cráter de casi 965 km de diámetro que se extiende entre el lado cercano y el lado oculto de la Luna. Desde la Tierra no podemos ver su mitad izquierda, pero en esta imagen se observa completo. Todo lo que aparece a la izquierda del cráter corresponde al lado oculto, el hemisferio que no podemos ver desde la Tierra, ya que la Luna gira sobre su eje a la misma velocidad a la que orbita nuestro planeta. Credit: NASA

Cena de Sábado Noche a Bordo de la Estación Espacial

Cena de Sábado Noche a Bordo de la Estación Espacial

Cena de Sábado Noche a Bordo de la Estación Espacial
Cena de Sábado Noche a Bordo de la Estación Espacial. Credit: NASA/ESA

Después de unas semanas intensas en el espacio, la tripulación de la ISS celebró un momento especial compartiendo una cena conjunta propuesta por la astronauta Sophie Adenot de la ESA. Esta tradición, conocida como “bonus food”, permite a cada astronauta colaborar con chefs de prestigio para diseñar platos únicos reservados a ocasiones especiales durante las misiones espaciales.

En esta ocasión, la reconocida chef con estrellas Michelin Anne-Sophie Pic fue la encargada de crear el menú especial de Sophie Adenot, ofreciendo a la tripulación una experiencia gastronómica inspirada en la cocina francesa, lejos de la Tierra. Estas comidas personalizadas representan aproximadamente el 10% del menú de los astronautas y cumplen una función importante: aportar variedad, mejorar el bienestar emocional y fortalecer la cohesión del equipo en órbita.

La iniciativa de la ESA demuestra cómo la alimentación en el espacio no solo cubre necesidades nutricionales, sino que también contribuye al equilibrio psicológico y social de los astronautas durante misiones prolongadas.