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En esta vista de la Luna completamente iluminada, el lado cercano (el hemisferio que vemos desde la Tierra) aparece a la derecha. Se reconoce por las manchas oscuras que cubren su superficie, que son antiguos flujos de lava de una época temprana en la historia lunar, cuando el satélite tenía actividad volcánica. El gran cráter situado al oeste de estas llanuras de lava es la cuenca Orientale, un enorme cráter de casi 965 km de diámetro que se extiende entre el lado cercano y el lado oculto de la Luna. Desde la Tierra no podemos ver su mitad izquierda, pero en esta imagen se observa completo. Todo lo que aparece a la izquierda del cráter corresponde al lado oculto, el hemisferio que no podemos ver desde la Tierra, ya que la Luna gira sobre su eje a la misma velocidad a la que orbita nuestro planeta. Credit: NASA
Una impresionante vista de la Tierra capturada por el astronauta de la NASA y comandante de Artemis II, Reid Wiseman, desde la ventana de la nave Orion. En la imagen se distinguen dos auroras (arriba a la derecha y abajo a la izquierda), mientras que la luz zodiacal (abajo a la derecha) se hace visible cuando la Tierra eclipsa al Sol.
Esta espectacular imagen fue captada desde Canadá durante la pasada tormenta geomagnética.

Espectacular Alineación Celestial: Orión, la Luna y la Tierra

Alineación Celestial: Orión, la Luna y la Tierra

La nave espacial Orión fue capturada en un impresionante momento de alineación celestial: una Luna creciente en primer plano y una Tierra también en fase creciente, más pequeña, a lo lejos, a punto de ocultarse tras el horizonte lunar.
La nave espacial Orión fue capturada en un impresionante momento de alineación celestial: una Luna creciente en primer plano y una Tierra también en fase creciente, más pequeña, a lo lejos, a punto de ocultarse tras el horizonte lunar. Credit: NASA
 

En el sexto día de vuelo de la misión Artemis II, la nave espacial Orión fue capturada en un impresionante momento de alineación celestial: una Luna creciente aparece en primer plano, mientras que la Tierra, también en fase creciente, se ve más pequeña a lo lejos, a punto de ocultarse tras el horizonte lunar. Esta composición única no solo ofrece una vista espectacular, sino que también simboliza la trascendencia de la misión: los seres humanos viajando más lejos de su hogar que nunca antes en la historia moderna de la exploración espacial.

La fotografía fue tomada durante el sobrevuelo lunar de Orión, un momento que marcó un récord histórico. La tripulación se encontraba a 406.772 km de la Tierra, superando la distancia alcanzada por los astronautas de la misión Apolo 13 en 1970, y demostrando los avances tecnológicos y de ingeniería que han permitido que la humanidad vuelva a aventurarse hacia el espacio profundo. Este hito no solo es un logro de la NASA, sino también de los socios internacionales que colaboran en el desarrollo de la nave y sus sistemas, destacando especialmente la participación europea en la misión.

En la imagen también se aprecia parte del Módulo de Servicio Europeo (ESM) de Orión, construido por la ESA, una pieza fundamental de la nave. Entre los elementos visibles se incluyen uno de sus cuatro paneles solares y un conjunto de propulsores del sistema de control de reacción. Los paneles solares, construidos en Europa, captan la luz del Sol para suministrar energía eléctrica a toda la nave durante el viaje.

Esto permite que todos los sistemas críticos —desde la navegación hasta la comunicación y el soporte vital— funcionen de manera constante durante la misión. El ESM alberga seis módulos con cuatro propulsores cada uno, sumando un total de 24 propulsores de control de reacción. Estos son los motores más pequeños de Orión, pero juegan un papel esencial, ya que permiten ajustar con precisión la orientación y trayectoria de la nave en el espacio, asegurando que la tripulación permanezca en la ruta correcta para su regreso seguro a la Tierra.

La misión Artemis II comenzó oficialmente el 2 de abril de 2024 a las 22:35 GMT, cuando el cohete Space Launch System (SLS) de la NASA lanzó Orión junto a sus cuatro astronautas hacia el espacio profundo. Apenas 20 minutos después del despegue, los paneles solares europeos se desplegaron correctamente, comenzando a suministrar energía a la nave, un paso crítico que garantiza que los sistemas de soporte vital y navegación funcionen de manera óptima desde el inicio de la misión. La coordinación entre los equipos de vuelo, control en tierra y fabricantes europeos de tecnología espacial fue esencial para el éxito de esta etapa inicial.

Durante el segundo día de vuelo, el motor principal de Orión ejecutó la maniobra crítica de inserción translunar, encendiendo durante 350 segundos. Esta maniobra colocó a la nave y a su tripulación en una trayectoria de retorno libre alrededor de la Luna, asegurando que, incluso si surgieran problemas inesperados, Orión podría regresar automáticamente a la Tierra. A lo largo de la misión, los ocho propulsores auxiliares del ESM y los 24 propulsores de control de reacción fueron utilizados para ajustar la trayectoria con precisión, demostrando la importancia de estos sistemas de ingeniería para mantener la seguridad y eficiencia de la misión.

A medida que Orión se aproxima a la Tierra tras su histórico viaje, el módulo de tripulación y el ESM se separarán. El ESM, que ya cumplió su función durante la misión, se desintegrará al entrar en la atmósfera terrestre, quemándose de manera controlada. Por su parte, el módulo de tripulación realizará un amerizaje seguro en el océano Pacífico, completando un hito histórico en la exploración humana del espacio. Este regreso marca no solo un triunfo tecnológico y científico, sino también un recordatorio de la capacidad de colaboración internacional y de los esfuerzos conjuntos entre NASA, ESA y otros socios globales para llevar a la humanidad más lejos que nunca en su viaje por el cosmos.

La misión Artemis II no solo establece nuevos récords de distancia y trayectoria; también sirve como prueba y preparación para futuras exploraciones lunares, incluyendo el esperado alunizaje de Artemis III. Cada fotografía, cada maniobra y cada sistema activado durante este vuelo contribuye a la seguridad y éxito de futuras misiones tripuladas. La imagen de Orión entre la Luna y la Tierra, capturada desde cientos de miles de kilómetros de distancia, se convierte así en un símbolo del ingenio humano, la curiosidad y la pasión por explorar el espacio, recordándonos que, aunque estemos lejos de casa, seguimos conectados con nuestro planeta natal.