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La nave espacial Orión fue capturada en un impresionante momento de alineación celestial: una Luna creciente en primer plano y una Tierra también en fase creciente, más pequeña, a lo lejos, a punto de ocultarse tras el horizonte lunar.
En esta vista de la Luna completamente iluminada, el lado cercano (el hemisferio que vemos desde la Tierra) aparece a la derecha. Se reconoce por las manchas oscuras que cubren su superficie, que son antiguos flujos de lava de una época temprana en la historia lunar, cuando el satélite tenía actividad volcánica. El gran cráter situado al oeste de estas llanuras de lava es la cuenca Orientale, un enorme cráter de casi 965 km de diámetro que se extiende entre el lado cercano y el lado oculto de la Luna. Desde la Tierra no podemos ver su mitad izquierda, pero en esta imagen se observa completo. Todo lo que aparece a la izquierda del cráter corresponde al lado oculto, el hemisferio que no podemos ver desde la Tierra, ya que la Luna gira sobre su eje a la misma velocidad a la que orbita nuestro planeta. Credit: NASA
Una impresionante vista de la Tierra capturada por el astronauta de la NASA y comandante de Artemis II, Reid Wiseman, desde la ventana de la nave Orion. En la imagen se distinguen dos auroras (arriba a la derecha y abajo a la izquierda), mientras que la luz zodiacal (abajo a la derecha) se hace visible cuando la Tierra eclipsa al Sol.

Una Bellísima y Colorida Aurora

Esta espectacular imagen fue captada desde Canadá durante la pasada tormenta geomagnética.
Esta espectacular imagen fue captada desde Canadá durante la pasada tormenta geomagnética. Credit: Scott Aspinall

Esta espectacular imagen fue captada desde Canadá durante la pasada tormenta geomagnética. El cielo se iluminó con una explosión de colores ofreciendo un espectáculo celestial pocas veces visto, donde las auroras boreales pintaron el firmamento con tonos intensos de verde, rosa, violeta y amarillo, como en esta imagen donde se pueden ver danzando detrás de un solitario árbol como si fuera un portal a otro mundo.

Este fenómeno fue causado por una eyección de masa coronal (CME) extremadamente potente que golpeó el campo magnético de la Tierra, generando una tormenta G5, la más intensa en casi dos décadas. El resultado: auroras visibles incluso en latitudes inusuales, desde Estados Unidos hasta partes de Europa y Asia.