A miles de kilómetros del ecuador marciano, en una región conocida como Coloe Fossae, la superficie del planeta rojo muestra una historia escrita en hielo, roca y polvo. Lo que a simple vista parecen simples grietas son, en realidad, las huellas de una antigua edad de hielo marciana, reveladas con asombroso detalle por la cámara estéreo de alta resolución de la misión Mars Express de la Agencia Espacial Europea (ESA).
En la Tierra, las edades de hielo han transformado paisajes enteros durante los últimos 2.500 millones de años. Pero ahora sabemos que Marte también tuvo su propia era glacial, con un ritmo climático marcado por los mismos mecanismos que afectan a nuestro planeta: los cambios en la órbita y la inclinación de su eje de rotación.
Un Planeta Que También Se Congeló
Durante sus fases más frías, el hielo marciano se extendía desde los polos hasta latitudes medias, cubriendo valles, cráteres y planicies con una gruesa capa de material helado. Al calentarse el clima, esos glaciares retrocedían, dejando tras de sí un mosaico de formas onduladas y surcos paralelos que hoy los científicos interpretan como los restos de antiguos flujos de hielo.
Estos patrones —conocidos como relleno lineado de valles y relleno concéntrico de cráteres— son una prueba clara de que el agua congelada fluyó lentamente por la superficie, deformando el terreno igual que los glaciares terrestres. Posteriormente, el polvo marciano los cubrió, preservándolos como fósiles geológicos de una época gélida.
El Misterio de Coloe Fossae
Coloe Fossae, situada a unos 39° N de latitud, está lejos del polo norte marciano. Sin embargo, sus estructuras indican que el hielo llegó hasta allí durante las edades de hielo. Esto solo pudo ocurrir si el eje de rotación de Marte cambió con el tiempo, inclinándose lo suficiente como para que el hielo polar se redistribuyera hacia regiones más templadas.
Los investigadores creen que la edad de hielo más reciente terminó hace apenas medio millón de años, un suspiro en términos geológicos. Es posible que, bajo la superficie, aún se conserven reservas de hielo enterrado.
La región de Coloe Fossae se encuentra justo en la frontera entre las tierras altas del sur y las llanuras bajas del norte de Marte. Esta división —una de las características más notables del planeta— está formada por acantilados de hasta dos kilómetros de altura y extensas zonas de transición como Protonilus Mensae, donde las huellas del hielo son especialmente visibles.
Las imágenes que revelan esta historia fueron captadas por la cámara HRSC de la misión Mars Express, desarrollada por el Centro Aeroespacial Alemán (DLR) y procesadas en el Instituto de Investigación Planetaria del DLR en Berlín. El equipo de la Freie Universität Berlin transformó los datos en mapas tridimensionales que hoy nos permiten reconstruir el pasado climático de Marte con una precisión inédita.
Las edades de hielo marcianas no solo nos hablan del pasado de un planeta vecino. También sirven como laboratorio natural para entender cómo la dinámica orbital y los cambios climáticos extremos pueden modelar un mundo entero.
En las cicatrices heladas de Marte hay un recordatorio: incluso en los lugares más áridos y distantes del sistema solar, el hielo puede guardar la memoria de un planeta vivo.
